Copio un párrafo de una entrevista realizada a José Sacristan, lo hago propio en lo concerniente al espacio que hemos comenzado a construir:
“Para mí lo constante de la actuación es el juego, ser aquel niño en Chinchón, (la ciudad donde se crió), cuando me iba al gallinero, le sacaba plumas a las gallinas, me las ponía e iba hasta mi abuela, a hacerle creer que era un indio comanche, y mi abuela decía ahh!. Un juego, nada más, pero nada menos. Llegas allí y dices vengo a jugar. Nada más que eso. No vas ni porque tienes la responsabilidad política, ni la investidura, ni la obligación. No, vas desnudo: aquí estoy para jugar”.









