La pregunta permanece
Miro las calles vacías en la tele
con el alma enmudecida.
Las ciudades parecen maquetas
de una peli apocalíptica,
de una guerra donde todo sigue en pie,
pero no ha quedado nadie.
Escucho a los vecinos adornar
la quieta inquietud
como se puede.
Mis amigos esquivan, apenas,
la desesperación.
Cuidan o lloran a sus padres
no saben bien qué responderle
a sus hijos.
Compartimos listas de películas,
recomendaciones de libros,
frases inspiradoras,
chistes y buenos deseos
con una alegría a media asta
como esos saludos a parientes lejanos
en la sala de espera de un enfermo
terminal.
Yo me duermo después de un par de vueltas
al remoto.
Me pregunto,
como todos,
cuánto más.
Me indigno ante el mal gusto
de los aprovechadores
que buscan un minuto de aire
haciendo o diciendo tonterías demagógicas.
Me enervo ante las bestias que inundan
de falsas alarmas
Me harto de escuchar siempre lo mismo
y que no haya otro tema.
Entiendo, acepto y cumplo
con el gran botón de pausa
que se le ha impuesto al mundo
y me pregunto
si no podremos salir mejores
al otro lado del miedo.
Pudimos hacer esto,
pudimos parar todo,
para no sucumbir.
Por qué no podemos parar,
barajar y dar de nuevo
en un mundo que corre
atropelladamente
al precipicio?
Los gobiernos salen ahora
a sostener la economía
subvencionando
recortando impuestos
dando incentivos.
Por qué no lo han hecho
para cambiar el nefasto paradigma
y salir del descarrilamiento inminente
en lugar de seguir apretando la garganta
del planeta
con una garra de mugre y avaricia?
No importa quién empezó la pulseada
si el virus fue plantado o no
La pregunta permanece:
Cuando todo esto pase
¿vamos a seguir permitiendo
que todo siga como antes?
Clara Vicchi
claravicchi
