Eduardo Galeano

El Café Brasilero, en Montevideo, es para Eduardo Galeano algo así como su segunda casa, venía todos los días desde sus 19 años, cuando ya era jefe de redacción de Marcha, legendario semanario de izquierda fundado y dirigido por Carlos Quijano, que funcionaba a una cuadra de allí. Hoy, Eduardo, ostenta el carné de Socio n° 1 del Brasilero, con derecho a un café gratis por día, y su foto cuelga en la pared junto a la de otros uruguayos ilustres. Muchos de sus breves relatos han nacido en los apuntes que toma en minúsculas libretas, a veces sobre la misma mesa del Café Brasilero donde suele tener sus entrevistas: “Soy hijo de los cafés. Todo lo que sé se lo debo a ellos. Sobre todo el arte de narrar. Lo aprendí escuchando, en las mesas de los bares, a aquellos maravillosos narradores orales cuyos nombres ignoro, que contaban mentiras prodigiosas y las contaban de tan bella manera que todo lo que contaban volvía a ocurrir cada vez que ellos lo narraban. Soy hijo de esos cafés y de ese Montevideo donde había tiempo para perder el tiempo.”