Enseñanzas de la Bauhaus

“¿qué era en el principio? las cosas se movían por así decirlo, libremente; ni en sentido curvo ni recto. hay que imaginarlas como primariamente móviles: van a donde van: por ir, sin meta, sin voluntad, sin obediencia, sólo en obviedad de moverse, como ‘estado’ primariamente móvil. primero existe sólo un principio: moverse; no, pues, una ley del movimiento, nada especial, nada ordenado.

“Cáos y anarquía, turbio borbotar. lo inaprehensible, nada pesado, nada ligero (pesado-ligero), nada blanco, nada negro (sólo, aproximadamente, gris), nada rojo, nada amarillo, nada azul, sólo, aproximadamente, gris. tampoco el gris precisamente. ninguna cosa precisa, sólo lo indeterminado, vago, ningún aquí, ningún allí, sólo un ‘en todas partes’. ningún lejos-cerca, ningún hoy, ayer, mañana, sólo un mañana-ayer. ningún hacer, sólo ser. ni verdadero reposo, ni verdadero movimiento,  sólo un ‘mover de sombras’. sólo un algo: la movilidad como presupuesto para el cambio de ese estado primario”

Enseñanza de Klee (1920-1931) – Bauhaus

“La receta según la cual opera el teatro de la bauhaus es muy sencilla: séase lo más imparcial posible; acérquese uno a las cosas como si el mundo acabara de ser creado; no se reflexione sobre una cosa hasta matarla, sino déjese aunque cuidadosamente, que se desenvuelva en libertad. séase sencillo, no mezquino (‘¡sencillez es una gran palabra!’) séase antes primitivo que retorcido o ampuloso; no se sea sentimental, pero téngase, en cambio, espíritu. con ello se ha dicho todo y nada. adelante: pártase de lo elemental. y ¿qué quiere decir eso?… pártase del punto, de la línea, de la simple superficie, y pártase de la simple composición de superficies; pártase del cuerpo. pártase del color simple, tal como lo hallamos: rojo, azul, amarillo y negro, blanco, gris. pártase del material, nótense las diferencias de calidad de materiales como vidrio, metal, madera, etc., y asimíleselas en lo más íntimo. pártase del espacio, de su ley y secreto, y déjese uno ‘embrujar’ por ellos. con esto se ha dicho, otra vez, mucho y, también otra vez, nada, en tanto que estas palabras no se hayan sentido y consumado. pártase del estado del cuerpo humano, del existir, del estar en pie, del andar, y, finalmente, del saltar y el bailar. porque, en efecto, dar un paso es un enorme acontecimiento, y no menos lo es levantar una mano, mover un dedo. téngase tanto respeto como reverencia ante cada acción del cuerpo humano, y sobre todo, en la escena, ese mundo peculiar de la vida, de la apariencia, esa segunda realidad en la que todo se halla envuelto en el resplandor de lo mágico”.

Oskar Schlemmer – Diario, mayo, 1929